lunes, 20 de junio de 2016

Más allá, del pensamiento, y hacia la mente profunda (o Vijñana Bhairava tantra: Yoga)

           
Con anterioridad al inefable cantarlo San Juan de la Cruz tan bien aquí hace casi medio milenio, hay alguna obra sánscrita -y coetánea de nuestros medievales "Decamerón", "Cuentos de Canterbury" o "Libro del buen amor"...- por la cual se nos vendrían ofreciendo nada menos que hasta 112 métodos practicables ya desde tiempo inmemorial para controlar pensamientos e ir trascendiéndolos en su encadenarnos.
  
   
"Por el pensar encontraremos acumulación de datos, tiempo y espacio, conflicto, apego u aborrecimiento, insatisfacción profunda; pero más allá del mismo habría también paz, armonía, una reveladora experiencia del ser.
  
Se conocen ya técnicas para inhibir este discursear mental mediante apoyo de la respiración, técnicas para poder hacer el silencio interior conectando con vacuidades de la mente, técnicas de concentración intensa para controlar las ideas y hallar algunas dimensiones de más claridad. Así surge una experiencia transformativa que viene del otro lado del pensamiento.
  
    
Ese centón largo de métodos -en aquel “Vijñana Bhairava Tantra”...- nos van enseñando a frenar los pensamientos y al poder hallar una rendija para ir así más lejos, conectando con la mente quieta y nuestra identidad propia.
          
De modo natural, todos alguna vez nos hemos quedado gozosamente absortos mirando una fogata o contemplando el atardecer, como cuando abrazamos a un amigo que no veíamos hace tiempo y en la cópula sexual. También con la música o inmersos en el arrobador silencio de la naturaleza.  De hecho, en forma espontánea y a lo largo de nuestras vidas, todos tendríamos momentos del ensimismamiento (estar en sí mismos).
  
Es como un instante de gloria que no hemos buscado pero se habría producido en algún modo natural... Mas lo que tratamos de hacer con las técnicas de Meditación, muchas inspiradas en ese texto ya citado al principio, es lograr intencionadamente que cese todo pensamiento para surgir la inmaculada experiencia del ser. Y por tal sentido cada cual trabaja en su propio laboratorio viviente, que la mente con el cuerpo es.
  
El pensamiento y el ego son hermanos gemelos, que se apoyan entre sí. Si los pensamientos cesan, ¿adónde van sus correspondientes egos? A suspender las desmesuradas actividades egocéntricas, que tanto nos hacen sufrir a nosotros mismos y los demás, ayudará el control del pensamiento. Pero, de acuerdo con los sabios en Oriente, ‘cuando el pensamiento cesa, se revela la luz del ser’. Es decir, hay una muy íntima y reveladora experiencia que se nos escaparía siempre por tanto estar en redes de los pensamientos, a menudo teñidos con la ofuscación o las avideces y el odio.
  
   
Permanecemos en lo superficial de una mente desordenada, o caótica, excesivamente centrifugada y que nos alienaría. Pero por prácticas de meditación intentamos conectar con su naturaleza genuina real, silente, transformadora en verdad.
   
Así es, como si nos diéramos algún ‘baño’ de nuestro propio ser, que limpia y esclarece. Durante unos minutos nos adentramos en lo íntimo más nuestro, desligándonos de actividades externas o disgustos, preocupaciones, tensiones e incertidumbres.
  
Ha sido constante a lo largo de la historia del Yoga o las espiritualidades orientales -más en general- su insistir sobre necesario viajar hacia nuestros adentros, conquistando el pensamiento (que nos representa, e interpreta, todos los fenómenos y situaciones durante la vida) al situarse por antesalas de un discurso más mental; para recobrar una confortadora e inspiradora experiencia, del ser, a la mente ordinaria escapada.
        
  
Incluso las técnicas del verdadero Hatha-yoga [o sea, psicofísico] pretenden abrir veredas hacia la mente quieta y profunda. El trabajo consciente sobre nuestro cuerpo es, no solo para favorecer salud psicosomática, sino por explorar o sondear en la mente profunda; logrando que cesen las ideas y entrenándose su atención mental pura. Eso es el verdadero espíritu del hatha-yoga que muchas tendencias de ‘yoga’ no auténtico u asociadas con ‘fitness’ ignoran, traicionando así sus esencias, a pesar del cómo hace ya décadas Krishnamurti o Jung y otras mentes privilegiadas previnieron sobre todo ello.
   
Hay un saber, pues, que solo está más allá de los intelectuales o las acumulaciones en datos. Eso realmente iluminador supone la Sabiduría, que no es transferible; pues cada persona necesita ganar lo suyo y encender, finalmente, sus propias lámparas. El conocimiento, sí, se comparte; mas la Sabiduría en cada una misma, tan solo, deberá conquistarse.”
(Ramiro Calle)   
     
Y el Silencio necesario por tal tarea es lo que nos vuelve a recordar, entre sus transparencias magistrales, Thich Nhat Hanh. Con él aprenderemos a prestar atención, o escuchar activamente acallando la mente. El silencio, afirma, es base de las alegrías y para la satisfacción…
  
     
Vivir en el estado de paz o plenitud no requiere largas horas con meditación; un gesto tan sencillo podrá devenir una poderosa herramienta del conocimiento y armonía. Como una radio que nunca se apaga, nuestro pensamiento está siempre ahí, reviviendo acontecimientos del pasado o proyectando ansiedad y temor hacia el futuro.
 
Pero la mente se puede acallar. Y, cuando lo ha hecho, empezamos a permitir una escuchar de nuestra propia voz interior. Mediante ancestrales técnicas basadas en preciso concentrarse desde la respiración, Thich Nhat Hanh enseña cómo cultivar quietud para el devenir de cada día. Porque solo en silencio descubrimos quiénes somos y cuál es nuestro propósito durante la vida, que son dos claves ante cualquier experiencia de paz o felicidad.
   
En este sentido, "el hatha-yoga no propicia ningún apego al cuerpo, sino que nos invita siempre a instrumentalizarlo (como base de la pirámide humana o vehículo del ser) para estabilizarse nuestra mente y -unificando su consciencia- desarrollar un entendimiento mayor.  
  
La práctica en sus asanas [o posturas, psicofísicas…] consta de 3 fases: hacer, mantener y deshacer. Los movimientos del hacer o deshacer deben ser lentos y  conscientes. En la fase intermedia, o detención, el practicante aprovecha para vivir a fondo su corporeidad buscando unidireccionalidades de consciencia. La mente se ha logrado aplicar al cuerpo, estando atenta sólo a las presiones, estiramientos, masajes y su respiración.
 
Esa importantísima fase también permite controlar los pensamientos parásitos e introvertirse, obteniendo un más elevado nivel de consciencia. El esquema corporal se convirtió así en un apoyo para entrenamiento metódico de su atención, y devendría como practicar una meditación a través del cuerpo. Cada postura impone sus propios ritmos y formas de respirar. Unas imponen respiración torácica (la 'Cobra', entre otras), por ejemplo, y las hay que (como el 'Pino') llevan a otra diafragmática…
  
Toda respiración debe ser, en las medidas de lo posible, tranquila y por la nariz. Cuando la mente se haya dispersado, servirá para –eficientemente, a través de su atención- reunificarnos. Nunca deberán cualesquier practicantes adaptarse a la postura en cuestión, tan sólo, sino que las asanas deben también ser adaptándose al practicante siempre. Todos los esfuerzos excesivos están contraindicados y cada persona debe aplicar el suyo bien medido tanto al hacer posiciones como manteniéndose.
  
La postura es hecha entre 1 y 3 veces, aunque sus combinaciones pueden ser muy numerosas. Existen muchas para lograr hacer asumir al cuerpo situaciones que de otro modo no superaría nunca; con lo cual ningunos órganos, ni funciones o zonas, del cuerpo pasarán desapercibidos. La serie o programa deberá variar, aunque dándole prevalencias a los más básicos y fundamentales: el realizar siempre lo mismo es un error grave mas evitable…
  
Al ejecutar las asanas no debe haber actitud competitiva nunca por la persona practicante, ni tan siquiera consigo misma… Aquéllas representan el trabajo consciente sobre un cuerpo afectando al psiquismo, que favorecerá su consciencia en evolución.
  
Son una preciosa herramienta psicofísica pero, para que su alcance pueda ser adecuado, deben acompañarse siempre de atención; combinándose incontestablemente con pranayama [en el respirar] y relajación, conscientes, e incluso –si se pudiere- junto a otras técnicas del hatha-yoga tales como los bandhas [contracciones intencionadas] más mudras [gestos manuales]… A través de una percepción en el cuerpo pretenden llegar a la del ser.
   
   
Las asanas inciden también como fuente de salud y vitalidad pero, sobre todo, son un método para conectar con la presencia del ser. En su ciencia nada es gratuito ni se ha librado al azar: han sido durante siglos verificadas y experimentadas, ad infinitum; repercuten sobre nuestro sistema nervioso y el endocrino, mejoran la coordinación de cuerpo con mente.
  
Al inmovilizar lo corporal, hay cambios de consciencia y percepción que van favoreciendo transformaciones interiores: trabajaríamos mediante atención mental pura, la cual intentará limitarse a percibir lo que siendo está, sin reflexión o prejuicios ni discurso mental. Uno de sus logros es cómo puede ayudarnos a inhibir el pensamiento egocéntrico y mecánico.
  
Sin ejercicios del pranayama la sesión de asanas pierde mucha sustancia. El esfuerzo bien aplicado, nunca excesivo, conduce a un esforzarse sin esfuerzos; y la postura se va tornando mucho más confortable, permitiendo trabajo interior con mayor eficiencia. Su secreto está en ir prolongando las fases de la detención en cualquier asana. Por inmovilidades en el cuerpo cabe llegar a las de la mente (sin olvidar que “cuando los pensamientos cesan, se revela otra luz del ser”). Hay posturas que pueden llegar hasta mantenerse 4 minutos, ó más…
  
Tales asanas nada tienen que ver con cualquier ejercicio simplemente aeróbico, pues; nos estarían potenciando vínculos entre cuerpo y mente, para posibilitar el acceso a una dimensión superior de consciencia, donde se manifieste la realidad más profunda escondida tras las mentes o los cuerpos. Así nos permiten desencadenar estados superiores de consciencia, y ese trabajo corporal hace posible otro sobre la psique. Toda herramienta del yoga, incluyendo cualesquier asanas, tiene por objeto transformar la mente…
   
Mediante su empleo trataremos de restablecer equilibrio entre cuerpos y mentes. Si el cuerpo y la mente están mejor armonizados, será también más fácil un trabajo espiritual. Las asanas nos permiten situarnos en el presente y así liberarnos de condicionamientos, tanto desde pasados como del futuro. Se adentran sus practicantes en el propio universo psicosomático, para conocerlo desde primeras manos, representando alguna exploración consciente y voluntaria.
  
El verdadero hatha-yoga es un medio para frenar mecanicismos o robotizaciones, pudiendo reencontrar libertad interior. Controles del movimiento, sobre respiración y mente, le permiten a cualquier practicante aproximarse al sentir en su propia esencia. Si se realizan de acuerdo con los requisitos necesarios, implican siluetas corporales que ayudan a servirse del cuerpo para ir más allá; unificando el cuerpo, su respiración y la mente. Así tales asanas terminan volviéndose algún apoyo meditacional.
   
El yogui [o practicante] se sirve del poder manejable por su cuerpo para desarrollar los de la mente. Uno y otra se convierten, pues, en un trampolín. Si muchas asanas tienen nombres de plantas o animales es para reportarnos el sentido ecológico y unificador con toda criatura sintiente. Así, por tanto, el hatha-yoga es un peldaño hacia otro radja-yoga [o yoga mental]...
   
(Algo -para empezar experimentándolo- 'que saber, sobre… asanas...')

 

3 comentarios:

  1. El gran músico Viktor Ullmann (del que recién vimos 'Der Kaiser von Atlantis') citaba un leitmotiv de W.A. Goethe: "Viviendo en el momento, vive la eternidad"

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    1. “Amar sería estar atento…” (Simone Weil)

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  2. SOBRE LOS RAROS AMIGOS DEL SILENCIO

    ¿Es usted uno de ellos? ¿Forma parte de esa minoría que disfruta de un buen silencio y una buena lectura? Pues sepa usted que si lo que quiere reivindicar es su derecho a un entorno silencioso, se ha equivocado de país. Pruebe a tomar un tren y lo comprobará.

    Hay una leyenda urbana que habla de un señor al que le sonó el móvil y se salió a la plataforma a recibir la llamada, pero nadie lo ha logrado identificar y, de hecho, se duda mucho de que alguien hubiera cometido tal insensatez. Otros dicen que la historia es al revés, que alguien vio a ese señor hablando por el móvil en la plataforma, entre dos vagones, de pie, sometido al incómodo traqueteo de las vías, y entre varios pasajeros, de pura pena que les dio su estado, le conminaron a entrar en el vagón a seguir cómodamente su conversación con el argumento de que a nadie podía molestar su proceder.

    Pero hay muchas más leyendas: se cuenta que en un viaje hubo alguien que tras soportar una hora de conversación de su vecino de asiento sobre intimidades de pareja, le pidió educadamente que por favor pusiera fin a la conversación y que la otra persona le respondió con una sonrisa amable diciendo: “no faltaba más, haberlo dicho antes, no era mi intención molestar”. También se han oído historias de gente que reproducía en sus teléfonos móviles videos con esos chistes y bromas estridentes que llegan por whatsapp pero que se ponía auriculares para no molestar al vecino, pero tampoco se ha conseguido entender qué forzaba a esas personas a actuar tan extrañamente.

    Imagínense. Se dice que España es tan ruidosa que la compañía ferroviaria del país ha tenido que habilitar vagones de silencio, solo uno por convoy, claro está, porque no hay tanta gente tan rara, y además debe manifestarlo explícitamente en la reserva de su billete para evitar malentendidos. Algunos incautos caen en esos vagones sin darse cuenta o porque no quedan plazas en los otros y, para su sorpresa, cuando hacen una llamada de teléfono o la reciben, aunque sea corta y no hablen muy alto, sus compañeros de asiento les miran severamente e incluso les increpan.

    Tamaña intolerancia hacia el ruido no es de recibo en un país de gente conocida por su simpatía. De hecho cuando uno entra en el vagón de silencio es recibido por un hilo musical que no cesa hasta que el tren arranca, prueba de que la propia compañía también aborrece el silencio que provoca un tren detenido.

    Un viajero que pasó por este país manifestó al final de su periplo grandes dudas acerca de quiénes eran más ruidosos: los españoles sobrios o los británicos ebrios. Una aguda observación que habla de la laxitud con la que se interpreta el concepto de silencio. En España, el silencio no es la ausencia de ruido, eso sería el vacío, es decir, el espacio exterior, donde el sonido no se transmite, sino simplemente un ruido bajito o atenuado que se distingue del ruido habitual. Huimos del silencio, no sabemos vivir en él ni con él. Nos genera incomodidad. Los silenciófobos tiene razón: ¿qué es la vida sino ruido?, ¿qué es la muerte sino silencio?

    J. I. Torreblanca

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